Dónde está el Muro de Berlín y otras 5 curiosidades sobre el mundo del Telón de Acero

Dónde está el Muro de Berlín y otras 5 curiosidades sobre el mundo del Telón de Acero — Esquinas Dobladas

YA SABEMOS TODOS que el Muro de Berlín está en Berlín, pero déjame que te cuente seis cosas curiosas que descubrí mientras me documentaba para escribir Esa nube tiene forma de oveja: no es por hacer clickbait pero, cuando incluí preguntas muy parecidas a esto que te cuento en el juego que hice en mi presentación de la semana pasada, no todos acertaron a la primera.

Dónde está el Muro de Berlín (y otras 5 curiosidades sobre el mundo del Telón de Acero)

1. Dónde está el Muro de Berlín

Cuando viajé por primera vez a Berlín (como cuento en la nota final de Esa nube tiene forma de oveja, fue precisamente un 3 de octubre, de lo cual yo no sabía absolutamente nada y me pilló totalmente por sorpresa), no debí de hacerle mucho caso al mapa. Llevaba allí prácticamente dos días cuando nos tocaba hacer la visita guiada y fue gracias al guía que me enteré por fin de que todo esto del Muro de Berlín no fue porque la ciudad cayera casualmente en el medio de la frontera y alguien tuviera la genial idea de tener que cortar la ciudad por la mitad.

De hecho, una búsqueda rápida en Google y todo el mundo puede ver que Berlín cae bastante hacia el este de lo que fue la frontera entre las dos Alemanias.

La culpa de que Berlín quedara partida en dos la tuvo en realidad la división que surgió de la Conferencia de Potsdam de 1945, donde los Aliados partieron Alemania (y Berlín y también Viena) en cuatro sectores: te recomiendo un vistazo rápido a este mapa interactivo.

Posteriormente, los sectores de Estados Unidos, Reino Unido y Francia se unificaron y el Muro lo que vino a hacer fue rodear los tres sectores occidentales.

2. La RDA y el Primero de Mayo

La semana pasada subí este hilo tan estupendo a twitter (¡corre a seguirme!) sobre el Primero de Mayo en la RDA:

3. La torre de la televisión de Alexanderplatz

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Casualmente, el 3 de octubre no se celebra solo la Reunificación Alemana, sino también es el aniversario de la inauguración en 1970 de la famosa torre de la televisión de Alexanderplatz, que tiene en total 368 metros de altura.

Hoy en día se puede subir al mirador (aunque no es demasiado barato) para tener una de las mejores panorámicas de la ciudad de Berlín, pero en su momento se construyó porque Berlín Este y el resto de la RDA tenían muy poca cobertura en cuanto a señales de televisión, y pronto se convirtió en un símbolo (como para dar envidia) que se veía desde el Oeste, de lo moderna y estupenda que era la ingeniería de la RDA.

Y se dice que su forma de pelota es un homenaje al Satélite Sputnik.

4. El Trabbi como símbolo de la RDA

Hablando de satéltites… Trabbi es en realidad un diminutivo de la palabra Trabant, que en alemán significa satélite o luna. Y, si tenías un coche en la RDA, casi seguro que era un Trabbi: era el más barato de los modelos a la venta (costaba unos 100 000 marcos orientales y, atención, estaba disponible en esta amplísima gama de colores) y pese a todo había que apuntarse a una lista y esperar hasta que te tocara el turno para obtener tu coche.

De ahí las míticas colas de Trabbis rumbo al Oeste justo tras la caída del Muro. Después de la Reunificación dejó de fabricarse y a día de hoy ha quedado como símbolo de la antigua RDA. Y da lugar a anécdotas como la que aparece al final de Al otro lado del Muro.

5. Y el Ampelmann como símbolo de la Ostalgie

La Ostalgie es como se llama el sentimiento de nostalgia por la RDA: es una especie de glorificación de todo tiempo pasado fue mejor pero centrada en ese estado pequeñito y con complejo de inferioridad que desapareció de la noche a la mañana tras la Reunificación: tras el 3 de octubre de 1990, lo que ocurrió fue que la RDA (el Oeste) absorbió a la RDA (el Este). Institucional, social y culturalmente.

Esto fue lógicamente un gran choque para muchos, y como se puede ver en la genial Goodbye, Lenin! en clave de humor todo aquello que podía ser considerado como del Este desapareció como por arte de magia, porque todos querían probar y conocer lo que venía del Oeste. De una manera bastante más dramática describe Svetlana Alexiévich en su El fin del homo soviéticus ese vacío que creó el que de repente todo la estructura de un Estado desapareciera.

Hoy en día, los semáforos de lo que fuera Ostberlin (y de muchas otras ciudades de la antigua RDA) siguen dándonos paso con el Ampelmann, que también se ha convertido en un souvenir muy popular.

6. El lujo de comer plátanos

Por muy obvio que parezca, en Alemania no se cultivan plátanos. Ni se cultivaban cuando existía la RDA, ni ahora, así que toca importarlos. Lo malo es que, mientras existió el Muro de Berlín, no se podían importar productos del Oeste. Solamente los que tenían mucho dinero y mucha suerte podían comer plátanos en la RDA.

Así que cuando se abrieron las fronteras en 1989, a todo el mundo le entró la fiebre del plátano. Tanto, que en muchos comercios de la RFA se acabaron. Tanto, que quedó la cosa un poco como chiste en el Oeste, en plan mira estos pobrecitos que nunca han comido un plátano. Porque no todo fue precioso y reluciente tras la Reunificación y mucha gente empezó a culpar a los Ossies de muchas cosas. Como la Soli.


Dime que por lo menos has aprendido algo leyendo este artículo… y si no es así, pues por lo menos déjame un comentario quejándote e intentaré hacerlo mejor para la próxima vez: más abajo tienes un formulario estupendo para suscribirte a mi lista de correo y no perderte ninguna entrada; además, al suscribirte podrás descargarte de manera totalmente gratuita el relato Operación Gomorra, precuela de Esa nube tiene forma de oveja. También gratis (bueno, con pago social en Lektu, que no te cuesta nada) puedes descargar el relato Trovadores, que pega ahora mucho porque tiene amapolas en la portada, y que cuenta detalles de la vida en la RDA durante los años 70 y 80 y mis intentos relativamente satisfactorios de contar una historia de amor con besos tras el Muro de Berlín (más o menos).

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Photo by Luc van Loon on Unsplash

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Elena

Escritora de novela histórica, friki de la documentación. Leo de todo, colecciono postales y marcapáginas y me encantan las tragedias bien gordas. En mis ratos libres aprendo alemán y veo vídeos de ballet. También toco el piano y hago experimentos culinarios que no siempre se pueden comer. ¡Y he publicado una novela sobre vikingos y otra sobre Berlín!
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