Cómo aprendí a escribir niños

Cómo aprendí a escribir niños

NUNCA HE ESCRITO para niños y, de hecho, me parece una de las cosas más difíciles que puede intentar un escritor: creo que me volvería loca intentando adaptar la trama, el vocabulario y, en realidad, toda la historia para un público al que, desgraciadamente, no termino de comprender. El tipo de historias que me gusta leer y escribir no son precisamente infantiles (qué le vamos a hacer, me encantan los dramas y las tragedias y los argumentos complicados y tristes), así que de momento no es algo que me vea intentando. Eso sí, admiro profundamente a los escritores de libros infantiles. Muy, muy profundamente.

Pero lo que sí que he hecho (o más bien me he forzado a hacer) ha sido escribir (crear) personajes que son niños. Es algo que estuve evitando durante mucho tiempo: ya en mi primera patata (esa que escribí con doce años y que por alguna razón sigo mencionando de vez en cuando) me dije que no me interesaba escribir sobre personajes de mi edad y planté a mi protagonista en la universidad (y en Nueva York), sin tener obviamente ni idea ni de cómo manejar  ni una cosa ni la otra. Un consejo bastante extendido en el mundo de la escritura es que escribas sobre lo que sabes, pero a mí me parecía más seguro meterme en camisas de once varas que escribir sobre niños. Y, desde entonces, esa aparente fobia que tengo se ha ido incrementando.

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Por qué prefiero Pinterest a Evernote

Por qué prefiero Pinterest a Evernote

ANTES DE QUE TE lleves las manos a la cabeza y empieces a lanzarme tomates y artículos varios defendiendo las ventajas de Evernote con respecto a cualquier otro invento anterior de la historia de la humanidad, tengo que decirte que he hecho mis deberes y he leído sobre ello (y, lo que es más importante, lo he probado). También querría añadir que por supuesto todo esto que voy a decir aquí está basado en mi experiencia y en la adaptabilidad de cada aplicación a mis necesidades personales como escritora.

Para ponerte en contexto, resulta que yo soy una friki de la documentación. Pero una friki de verdad, porque si ya con doce años (para mi primera patata) me preocupaban cosas como que los menús de los restaurantes a los que iban mis personajes tuvieran platos que existieran de verdad, mi nivel de locura con esto ha crecido con los años y ahora no soy capaz de escribir dos páginas sin pararme a buscar datos o fotos o si había lecheros en Berlín en 1961. Y la cosa es que hoy en día la mayor parte de la documentación se hace por internet (aunque también hay que recurrir a fuentes más tradicionales), y al final el resultado de todo esto es que necesitas un modo eficiente de organizar toda esa información.

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Tres formas creativas de desatascar tu novela

3 formas creativas de desatascar tu novela

LOS PROFES DE INGLÉS (entre los que a veces se me olvida incluirme) tienen una expresión para definir ese estadio del aprendizaje en el que te encuentras cuando sabes lo suficiente de un tema (ya sea de inglés o de cualquier otro idioma o habilidad) como para ser consciente de que lo mucho que te queda por aprender y en el que parece que te atascas: llega un punto en el que tienes un conocimiento medio y te cuesta mucho más avanzar que al principio y empiezas a buscar causas y culpables y puede que termines tirando la toalla. Es lo que suele conocerse como intermediate plateau, y está íntimamente relacionado con el famoso Síndrome del Impostor del que nos habla Isaac Belmar en este artículo y que también menciona Gabriella Campbell en este otro.

Puede que no estés demasiado interesado en sacarte un B2 en inglés, pero el intermediate plateau es algo que también afecta a tu vida como escritor, sobre todo cuando te embarcas en un proyecto ambicioso: ¿no te ha pasado nunca que, después de llevar meses trabajando en la misma novela, pese a escribir una cantidad decente de palabras al día, te parece que te has atascado a la mitad del segundo acto y que nunca va a llegar ese momento climático que fue la única razón por la que empezaste a escribir tal tocho? ¿No te ha dejado el NaNo un mal sabor de boca porque, pese a haber completado el reto de las 50k palabras (por cierto, si lo has hecho ¡enhorabuena! Yo me conformo con haber superado las 20k), no estás ni siquiera cerca de terminar esa novela que llevas años planeando y que parece que nunca acabarás?

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Cuando tu novela te pide un conflicto

Cuando tu novela te pide un conflicto

MUCHAS VECES utilizo las historias que leo y/o escribo para lidiar con mis problemas. De hecho, cuando estoy muy estresada y la ansiedad me puede, suelo ponerme una peli de llorar, porque me tranquiliza pensar que esos personajes que han vivido tal o cual tragedia lo han pasado bastante peor que yo con mis preocupaciones nimias (que suelen ser problemas típicos de primer mundo, además). Es un mal de muchos, consuelo de tontos pobremente disimulado, pero a mí me sirve para relajarme y ver las cosas con perspectiva. Por eso prefiero las historias dramáticas a las comedias (aunque alguna de vez en cuando no viene mal) y tiendo a huir de los romances demasiado pastelosos.

Hay muchos elementos clave en una historia: los personajes, la trama, la estructura, la prosa y un largo etcétera de cosas que tienes que tener en cuenta mientras escribes. Las historias memorables son aquellas que consiguen aunarlo todo, y además de manera que parezca que el autor no ha tenido ninguna dificultad para hacerlo. Normalmente, cuando tienes una idea para una historia lo que se te ocurre es una de esas partes: «me encantaría tener un protagonista marciano/con síndrome de estrés postraumático/esquimal», «¿cómo sería ambientar una novela en una cárcel/un circuito de rallies/una casa encantada?», «quiero que en mi novela policíaca el lector sepa quién es el asesino desde el principio». A mí personalmente me encanta cuando mezclas todas estas ideas aleatorias y tu historia se convierte en «cómo el asesino esquimal lucha por convertirse en campeón del mundo mientras intenta escapar del agudo olfato del detective X», porque creo que necesitas desarrollar adecuadamente todos esos elementos para que el lector termine totalmente satisfecho. Por eso me preocupo mucho por documentarme para dejar el menor número de fisuras posible en mi ambientación, aunque también me gusta darle muchas vueltas a las motivaciones de cada personaje y a su pasado para entender cómo actúan de la manera en la que lo hacen. Y, también (aunque esto me gusta menos, tengo que admitirlo), dedico bastante tiempo a preparar una trama lo suficientemente interesante como para dejar que mis personajes la desarrollen.

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Documentación extrema (7) | De tropas de frontera

Esa nube tiene forma de oveja

UNA COSA QUE NUNCA ME HE PREOCUPADO por entender del todo son los rangos dentro de un ejército. Es decir, sé que un general se supone que es más que un soldado raso, pero poco más. De hecho, me gustaría saber cómo funciona todo eso de las charreteras y las insignias y los ascensos (y ya puestos, estaría genial saber de armas y estilos de lucha y, sobre todo, de maniobras y formaciones de ataque y defensa. Pero el ajedrez y el risk se me dan fatal, así que me conformo con leer los artículos de Ana Katzen sobre peleas y en dejar lagunas importantes en lo que escribo).

Pero, bueno, como soy una friki de la documentación y en mi novela ambientada en la Guerra Fría resulta que aparecen unos cuantos soldados me he animado a investigar sobre ello para no meter la pata en cuestiones del ejército.

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Cómo separar el grano de la paja en tu novela

Cómo separar el grano de la paja en tu novela

CUANDO ESTABA ESCRIBIENDO el primer borrador de la novela que estoy en proceso de corregir ahora mismo (para la que me puse a buscar como loca si había lecheros en Berlín en 1961), tuve varios baches de escritura. No es la primera vez que me atasco, ni será la última, pero sí que ha sido especialmente duro para mí terminar esta novela, entre otras cosas porque he tardado más de lo que suelo en acabarla (también porque es más larga que las que he escrito antes) y porque la empecé antes de tiempo: sabía cómo quería que fuera el final pero no tenía claros puntos muy importantes de la estructura (como quién quería que fuera mi narrador) ni del tono que quería darle, así que no sabía cómo iba a llegar a ese final.

Normalmente, suelo planificar las cosas con mucho más cuidado y me hago una escaleta o lista de escenas, o por lo menos de lo que quiero que pase en cada capítulo. Pero esta vez me lancé a la piscina demasiado rápido, con cosas como «1971, Heike» como TODA indicación de lo que iba a ocurrir en el capítulo 3 (un capítulo que debía tener cerca de 15.000 palabras y que, claramente, iba a necesitar algo más que monólogos internos del personaje cuyo punto de vista quería explotar para funcionar).

Además, como me marqué a mí misma un objetivo diario de 700 palabras que me decidí a cumplir, la consecuencia clara de todo esto es que había días que me sentaba ante el Word sin saber qué se suponía que tenía que hacer con mis personajes. Así que ahora, corrigiendo, me toca leer (y eliminar o, al menos resumir), párrafos y párrafos de descripción de cómo mi Heike se prepara un café, se lo toma, mira el reloj de pared de la cocina, se levanta y lava los cacharros, limpia la encimera, se mira al espejo del pasillo, va al cuarto de baño, decide que es buen momento para fregar el suelo, etc. Es decir: paja. Relleno que escribí para cumplir con las 700 palabras diarias mientras encontraba la manera de hacer que Heike se decidiera a salir de casa y a ir a hablar con Fulanito de tal, que era lo que me interesaba que pasara.

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Documentación extrema (6) | De estaciones fantasma

Esa nube tiene forma de oveja

COMO SOY UNA TARDONA, sigo corrigiendo mi novela ambientada en el Berlín de la Guerra Fría. No es la primera vez que vengo a contarte lo friki de la documentación que soy, y probablemente no será tampoco la última. Además, tengo que confesarte que después de varios meses sigo corrigiendo por el primer capítulo (de seis). La cosa es que estoy haciendo varios tipos de corrección simultáneamente y que la que todavía sigue en el capítulo uno es la que llevo más atrasada (y la más complicada): es esa en la que tengo que ponerme a buscar detalles de documentación que no me había parado a investigar en su momento porque preferí seguir escribiendo… precisamente porque son cosas difíciles de encontrar, bien porque son muy específicas o bien porque abarcan temas muy amplios con muchas facetas. El otro día, por ejemplo, me tocó trabajar en una escena en la que un personaje hace un viaje en tren.

Para ponerte en situación, resulta que este personaje tiene que llegar de un punto A situado en Berlín-Este a un punto B situado en Berlín-Oeste. Los dos puntos están bastante alejados el uno del otro y la mejor manera de llegar es en tren. Además, mi personaje está perdidísimo porque no ha estado nunca en Berlín Oeste y en el año 61 no había ni Google Maps ni la app de Deutsche Bahn (que te aconsejo que te descargues si vas de viaje a Alemania porque te va a facilitar mucho la vida).

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La estructura narrativa de los tres actos

Esquinas Dobladas

EL NÚMERO TRES siempre ha sido clave a la hora de contar historias. En los cuentos populares (por los que no me avergüenza admitir que tengo una especial debilidad) siempre son tres las pruebas que debe superar el príncipe y tres los hermanos que salen en busca de aventuras. En la versión de Perrault, la Cenicienta acude a tres bailes durante tres noches seguidas; tres los intentos que tenía la hija del molinero para averiguar el nombre del Enano Saltarín (Rumplestiltskin) y tres eran las cualidades de la Blancanieves de los hermanos Grimm: blanca como la nieve (piel), roja como la sangre (labios), negra como el ébano (pelo). Y, por supuesto, no podemos olvidarnos de Los Tres Cerditos.

También son tres las partes tradicionales del cuento: la introducción, el nudo y el desenlace, en las que se basa esto de la estructura de los tres actos. De hecho, se trata de un modelo tan extendido que es más que probable que tú mismo hayas estado utilizándolo hasta cierto punto sin ni siquiera saber que lo estabas haciendo… La lógica te dice que tienes que presentar la situación y los personajes antes de que comience el conflicto propiamente dicho, entre otras razones porque necesitas que tus lectores empaticen con tus protagonistas antes de empezar a tirarles desgracias a la cara: necesitas que se interesen por lo que pueda pasarles. Pero, créeme, es mucho más sencillo y cómodo sentarte con un esquema de esta estructura y preguntarte cuáles van a ser tus puntos de inflexión antes de empezar a escribir que pararte en la página 74 porque no sabes adónde estás llevando tu historia y no tienes claro si has aumentado la tensión lo suficiente como para llegar ya al clímax. ¡Ojo! Esto no significa que no puedas ser un escritor de brújula. No quiere decir que tengas que tener una escaleta perfectamente detallada de cada escena de tu novela: simplemente necesitas saber más o menos en qué punto va a morir el mejor amigo del protagonista, por ejemplo. Y guiar las emociones de tu lector para que en ese punto se le escape la lagrimita que estás buscando.

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Cómo evoluciona nuestra forma de escribir: cultivando patatas

Esquinas Dobladas

YA TE HE CONTADO más de una vez que empecé a escribir un poco más en serio allá por 2006, cuando tenía 12 añitos y mucho tiempo libre. Esta entrada es un viaje al baúl de los recuerdos para demostrarte dos cosas: la primera, que todos tenemos un pasado oscuro en el que cultivábamos patatas; la segunda, que aquí no se tira nada y que con las patatas más feas también se puede hacer una tortilla.

Una curiosidad: en Potsdam (Alemania), la gente deja patatas en la tumba del kaiser Federico II de Prusia, el Grande. Dicen que mandó custodiar con tanto celo una plantación de patata que la gente empezó a pensar que las patatas eran algo valioso (frente a la concepción popular de que eran comida del diablo) y que a partir de esto se generalizó su consumo entre las personas.

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Documentación extrema (5) | De sesión continua

Documentación extrema (5) | De sesión continua

EN REALIDAD, la entrada de Documentación extrema de esta semana no es demasiado extrema. De hecho, es más bien flojilla, aunque eso no la hace menos divertida e instructiva. Pero no ha comportado búsquedas farragosísimas en webs actualizadas por última vez en 2006 escritas en un nivel de alemán muy superior al que yo tengo, así que puede decirse que se trata de documentación light.

Y, sin embargo, no he podido resistirme a escribir esta entrada, porque ya te hablé de cómo documentarte leyendo novelas y hoy quiero dar un pasito más. Sí: lo has adivinado. Voy a hablar de películas.

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