La resiliencia del escritor

La resiliencia del escritor – Esquinas Dobladas

ADEMÁS DE SER ESCRITORA, como esto de tener tiempo libre es una nueva moda que no termino de entender, soy profesora de inglés (de ahí que este artículo esté lleno de anglicismos, es un problema que tengo y que estoy intentando solucionar). No hay muchas cosas que mis dos trabajos tengan en común (más allá de que a veces no encuentro las palabras que necesito en ningún idioma), pero una de las pocas similitudes que la experiencia me ha demostrado que existen entre dar clase y escribir una novela es la necesidad de desarrollar una gran capacidad de resiliencia. De adaptación, vamos.

La resiliencia del escritor

El contingency plan

Cuando aún estaba estudiando, tuve una clase bastante interesante (aunque en su momento no me lo pareció), con un profesor de lo más peculiar, que se llamaba Project Management. En grupos de trabajo, tuvimos que diseñar dos lesson plans para ir a Kindergärten a trabajar con niños alemanes sobre la multiculturalidad. Y al final del cuatrimestre tuvimos una barbacoa en la casa del profesor y nos puso hasta buena nota. Ni siquiera recuerdo qué  actividades hicimos con los niños (sé que hicimos las hojas de un árbol con pintura de manos y que hicimos una actividad con banderas), pero lo que más recuerdo es que, cuando el profesor nos llevó al barrio de las afueras donde estaba uno de los Kindergärten nos empezó a hablar de los Platenbauten y que lo que más se repitió en aquella asignatura fue la necesidad de tener siempre un contingency plan (un plan de contingencia, vamos). Que era la lección que se suponía que teníamos que aprender.

Pues resulta que, años después, por cosas de la vida mi trabajo se parece más a aquello que hicimos en el Kindergarten que a las cosas que estudiábamos en otras clases (sobre análisis DAFO y mercados turísticos y todo eso). Y sigo acordándome de los dichosos contingency plans.

Los chalkboard markers

Antes, en mis clases, tenía un aula donde había una pizarra blanca. No era digital ni tenía proyector, pero yo estaba muy contenta con mis rotuladores de colores. Pero este curso me cambiaron a otra aula con una disposición más adecuada pero con una pizarra de tiza, de esas que no utilizaba desde mis tiempos en la escuela.

Primera lección: no todas las pizarras son iguales. En la mía resulta que una mente prodigiosa decidió echarle una sustancia misteriosa para limpiarla mejor. ¿Te imaginas el resultado? Las tizas resbalaban.

Segunda lección: no todas las tizas son iguales. Las hay que sueltan mucho más polvillo y manchan más y, por supuesto, aunque quede muy fancy (¿ves? No sé traducir esta palabra. Guay no pega. Tampoco sé traducir prompt. Ni random) usar las de colores, la que mejor se ve es la tiza blanca de toda la vida. Y después del tratamiento de belleza de mi pizarra, o te dejabas el brazo apretando (haciendo malabarismos para que no chirriara, claro), o te dejabas la vista intentando leer lo que estaba escrito.

Total, que me puse a buscar una solución y tito Google me descubrió que existía una cosa que se llama chalkboard marker y que yo no había visto en la vida. Hasta que empecé a usarlo y me di cuenta de que sí que lo había visto, en los bares estos tan chulos (fancy), que escriben los menús así muy hipster.

Básicamente, un chalkboard marker es como un rotulador de tiza para pizarras. Y luego mojas un trapito y se borra.

Total, que me compré este paquete de cuatro de Stationery Island y, tras un pequeño período de adaptación hasta que me di cuenta de que tenía que agitar bien el boli si quería que saliese la tinta. Pero son mucho más limpios que las tizas de toda la vida, aptos para alérgicos y se ven bastante mejor (sobre todo en pizarras de estas brillantes y resbalosas).

Conclusiones: la resiliencia del escritor

  1. A veces, lo que parece un problema (que la pizarra no se ve, que te has atascado a la mitad de tu novela, que cada vez lees menos), puede convertirse en una oportunidad para avanzar y mejorar. Precisamente por eso no creo en los análisis DAFO, porque toda amenaza puede convertirse en una oportunidad si le das suficientes vueltas al problema. Si se cierra una puerta se abre una ventana y todo eso.
  2. Tenemos que desarrollar la resiliencia y la capacidad de adaptación en todas las facetas de nuestra vida. Especialmente en nuestro trabajo.
  3. A veces, por circunstancias de la vida, me paso un tiempo sin escribir mucho (ahora, por ejemplo, estoy leyendo y documentándome. Y buscando manualidades sobre los animales de las granja. Bendito Pinterest). Y no pasa nada. Te traigo artículos sobre rotuladores y pizarras y sanseacabó.
  4. Todos los problemas tienen una solución. Incluso si no parecen problemas, incluso si son cabos sueltos que has dejado al cambiar de narrador en la página 60.
  5. No tengas miedo a probar cosas nuevas. Ya sean productos de papelería o giros de trama o un género totalmente desconocido (como escritor o como lector). Yo estoy planificando una ucronía y todas las mañanas me pregunto si no me habré metido en camisa de once varas.

Pero, en fin, camisa grande, ande o no ande, que es imposible no ver la vida con optimismo con mis chalkboard markers. Todo muy fancy.


 

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Photo by Brook Anderson on Unsplash

Elena

Elena

Escritora de novela histórica, porque soy una friki de la documentación. Leo de todo, colecciono marcapáginas y postales y me encantan las tragedias bien gordas. En mis ratos libres aprendo alemán y veo vídeos de ballet. También toco el piano y hago experimentos culinarios que no siempre se pueden comer. ¡Y he publicado una novela sobre vikingos!
Elena

6 opiniones en “La resiliencia del escritor”

  1. ¿Cuenta como juego de palabras si le digo a una escritora que se aplique el cuento de la resiliencia, señorita sin WiFi?

    Un artículo muy fancy, queridísima.¿Y traducirlo por “con estilo” no vale? Hmmm. ¡En fin! Un abrazote con prisas

  2. Estupendo artículo, Elena. Y sí, tienes mucha razón: hay que buscar las oportunidades en los problemas. En dos ocasiones me he quedado bloqueado con una novela después de muchos meses (y años) de trabajo… y en ambos casos, cuando la frustración se asentó, de las ruinas de esas novelas salieron otras.
    Gracias por recordármelo: mejor no olvidarlo.

    Por cierto, y aunque no venga muy a cuento por aquí: pensaba pasar por Olivenza, pero he tenido problemas con la furgo que me han hecho perder mucho tiempo y ya no podré hacerlo. Una pena, pues me apetecía mucho ponerte cara y palabra. ¡Otra vez será!

    1. ¡Qué pena! Ya he leído por ahí que La Lagartija te ha dado un poco de guerra… Es una pena que te hayas perdido un pueblo tan bonito como el mío, pero espero que al menos estés disfrutando del resto de Extremadura ¡y ánimo con el viaje! Y por supuesto, tendremos que desvirtualizarnos en el futuro: aplicando la resiliencia, esto solo significa que la próxima vez tendremos más cosas que contarnos 😉 ¡Un abrazo!

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