Un año doblando esquinas

Llevaba yo varios días estrujándome los sesos para decidir sobre qué iba a hablarte esta semana (tengo algunas entradas medio pensadas pero tengo que trabajar un poquito más sobre ellas y se me echaba el tiempo encima) cuando, casi por casualidad, me dio por mirar el calendario ¡y me di cuenta de que llevo un año ya escribiendo en este blog! Así que al he decidido que esta entrada va a ser un total refrito de agradecimientos, resúmenes y publicidad descarada.

Cuando tu novela te pide un conflicto

Muchas veces utilizo las historias que leo y/o escribo para lidiar con mis problemas. De hecho, cuando estoy muy estresada y la ansiedad me puede, suelo ponerme una peli de llorar, porque me tranquiliza pensar que esos personajes que han vivido tal o cual tragedia lo han pasado bastante peor que yo con mis preocupaciones nimias (que suelen ser problemas típicos de primer mundo, además). Es un mal de muchos, consuelo de tontos pobremente disimulado, pero a mí me sirve para relajarme y ver las cosas con perspectiva.

Cómo evoluciona nuestra forma de escribir: cultivando patatas

Una curiosidad: en Potsdam (Alemania), la gente deja patatas en la tumba del kaiser Federico II de Prusia, el Grande. Dicen que mandó custodiar con tanto celo una plantación de patata que la gente empezó a pensar que las patatas eran algo valioso (frente a la concepción popular de que eran comida del diablo) y que a partir de esto se generalizó su consumo entre las personas.