“Cumbres Borrascosas” o por qué deberías leer a los clásicos

“Cumbres borrascosas” o por qué deberías leer a los clásicos | Esquinas Dobladas

Este pasado fin de semana de San Valentín se ha estrenado la nueva “adaptación” (nótese el uso de las comillas) que la directora Emerald Fennell ha hecho de la clásica novela gótica Cumbres Borrascosas, publicada por Emily Brontë en 1847. Al margen del evidente guiño al Día de los Enamorados y de esa frase gancho al comienzo de la película que nos vende la historia de Cathy y Heathcliff como «la mayor historia de amor jamás contada» (la novela es muchas cosas pero definitivamente no es una novela romántica en el sentido moderno de la expresión), que a mi entender son poco más que ardides publicitarios, lo que está claro es que esta nueva (y ciertamente actualizada y modernizada) versión de Cumbres Borrascosas está haciendo que mucha gente que nunca había leído nada de las hermanas Brontë se anime a intentar sumergirse en la lectura de estos clásicos del siglo XIX.

El peligro de adentrarse en un clásico

La primera (y única) vez que leí yo Cumbres Borrascosas no me gustó nada de nada, probablemente porque no la entendí. Claro, yo tendría unos trece o catorce años, había leído muy poca literatura del siglo XIX y no sabía prácticamente nada del contexto de la obra, ni de su autora, ni de la intención de esta, ni de la crítica a la sociedad del momento que pretendía plantear. Para mí lo más importante en mis lecturas en aquel momento era que me engancharan, y no conecté en absoluto con Cathy ni con Heathcliff. Tampoco me gustó la manera en la que está planteada la obra, ni cómo se introduce la trama, además de que la traducción que leí, por lo que recuerdo, no era demasiado espectacular.

Claro, si ves la película con Margot Robbie y Jacob Elordi, y esperas encontrar más de eso en el libro, muy probablemente te ocurra igual que a mí. Especialmente si sueles leer otro tipo de novelas, nunca antes te has acercado a menos de tres metros de un clásico, y tu primer intento es con Cumbres Borrascosas. Te podrá parecer aburrido, difícil de entender, ajeno por lo distante y extraño de su ambientación y, en definitiva, un horror porque la novela continúa donde la película termina, y esa segunda parte que no se suele adaptar al cine es todavía más retorcida y oscura que la primera.

Y lo cierto es que a mí me ha gustado la película. De hecho, me ha gustado más de lo que me gustó la novela hace tantos años: creo que captura con bastante acierto la «esencia» (entre comillas) del libro, aunque no sigamos a los mismos personajes ni estos tengan las mismas motivaciones, y aunque la trama vaya por otro lado. Fennell ha exprimido hasta el extremo los recursos narrativos que le ofrece el medio y el resultado es una experiencia inmersiva y muy intensa, con una fotografía y una escenografía que quitan el aliento. Es una película anacrónica, exagerada y a ratos hasta cómica por lo dramática, y después de haberla visto me han entrado muchas ganas de visitar de nuevo la novela, porque estoy convencida de que ahora la leeré con otros ojos.

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Hace un par de años, charlando con un conocido que no lee nada de nada de lo maravillosa que me estaba pareciendo la lectura de Guerra y paz, me preguntó si yo creía que podría gustarle. Y es cierto que a mí me sorprendió lo accesible que es y lo entretenido que me resultó, y es una novela que recomiendo encarecidamente a todo el mundo, pero quizás si nunca has leído una novela con tantos personajes (y además en una novela rusa hay que tener en cuenta los diminutivos y los patronímicos), tantas páginas y un lenguaje tan complejo puede que te resulte árida. Hay muchísimos otros libros que pueden introducirte en la lectura: sobre todo, el libro que te apetezca a ti leer. No por leer más clásicos ni libros más gruesos ni más sesudos serás mejor lector.

Las adaptaciones de los clásicos

Una de las mejores maneras de acercarse un poco a los clásicos es la que emplea Layne Fargo en su novela Los favoritos: está basada ligeramente en las Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, pero que trae la inspiración de la trama y los personajes al mundo del patinaje artístico de alta competición a principios del siglo XXI. Los personajes siguen los mismos patrones que los de la novela original, pero la adaptación es mucho más libre y toma solo las partes que a Layne Fargo le convinieron para armar la estructura de su propia novela, que no necesariamente necesita que conozcas la historia original para disfrutarla.

Es el caso también de la muy premiada novela Demon Copperhead, de Barbara Kingsolver, que traslada la acción del David Copperfield de Charles Dickens a la Virginia rural de los Estados Unidos del siglo pasado. En este caso no puedo comparar con la obra original, porque no la he leído aún, pero la fórmula funciona, y muy bien, en esta novela.

¿Por qué leer a los clásicos?

Hay clásicos que lo son por lo novedoso de sus técnicas, o porque solo hemos conservado esa obra de ese autor o de ese período, o porque era lo que estaba de moda en su época y era lo que la gente leía. Hay muchas obras que cumplen alguno de estos requisitos y que son verdaderamente infumables como lectura de mesilla: tienen por supuesto valor histórico, pero tal vez como herramientas de entretenimiento y escapismo no funcionen demasiado bien. Antes de nada, tienes que preguntarte: ¿por qué quieres leer este clásico? ¿Quieres estudiar la época? ¿Quieres comprender qué hace que la obra sea tan famosa?

A mí me gusta encontrar en los clásicos la misma humanidad que veo en mi vida diaria. Me fascina comprobar cómo los antiguos griegos validaban en el siglo VIII a.C. la cólera de Aquiles o cómo Sei Shōnagon hablaba, en el año 1002, de cómo se aliviaba del calor sofocante del verano. Es lo mismo que busco en la novela histórica, pero de primera mano: sumergirme en un momento ajeno, con circunstancias extrañas y rocambolescas para mí, que sin embargo dan lugar a los mismos sentimientos que tenemos tú y yo hoy en día.

Por eso creo que es importante leer clásicos, además de porque entre sus páginas se ocultan grandísimas y muy buenas historias.

Clásicos accesibles para empezar

Te traigo tres recomendaciones de novelas clásicas que llegan al corazón, totalmente accesibles y de lectura bastante fácil, que harán que se te despierte el gusanillo de leer más literatura clásica.

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Marianela

Benito Pérez Galdós

La novela más emotiva de Galdós. La leí en una sola noche y me hizo llorar a lágrima viva. Se lee en un suspiro.

Orgullo y prejuicio

Jane Austen

Divertidísima, irónica y con un retrato magistral de unos personajes caricaturizados con el mayor de los cariños.

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La vuelta al mundo en ochenta días

Jules Verne

La obra más famosa de Julio Verne, siempre entretenido en sus novelas de viajes. Tiene una estructura muy fácil de seguir y enseguida atrapa.

Por cierto, que para leer clásicos hay opciones muy económicas (incluso gratuitas) y legales, como te cuento en este artículo:

Cinco sitios legales donde leer libros gratis | Esquinas Dobladas

Además, hoy en día leer clásicos no equivale necesariamente a traducciones obsoletas en ediciones tan de bolsillo que el papel cebolla se desintegra cuando pasas las páginas: afortunadamente contamos con las preciosas ediciones de Penguin o Alma, con el catálogo sublime de Alba y con propuestas como las de Blackie Books, que nos libera los clásicos para ayudarnos a llegar a ellos.

Así pues, lo que está claro es que los clásicos están de moda. Ya hayas llegado a ellos a través de una película o de una recomendación en tu feed de redes, pasa y acomódate: seguro que lo disfrutas.

¿Cuál es tu clásico favorito? ¿Has visto ya “Cumbres Borrascosas”?


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