
Hamnet no estaba en mis planes
Debo confesarte que cuando empezaron a salir las primeras opiniones sobre la película de Hamnet, en la que la directora Chloé Zhao adapta la famosísima novela de Maggie O’Farrell, decidí no ir a verla. El libro, para mí, había sido maravilloso. Demasiado maravilloso, quizás: me ocurre lo mismo con Pequeñas cosas como estas, adaptada por Tim Mielants a partir del texto de Claire Keegan: si algo me ha gustado tanto por sí mismo, ¿para qué experimentarlo en otro formato para que el que no fue creado?
Pero entonces empecé a ver críticas que acusaban a la película de que tiraba de lágrima fácil, que manipulaba al espectador, que era voyeurística y que forzaba las emociones, y decidí que sí que tenía que verla.
Hamnet y los silencios
Una vil manipulación
Soy de la opinión de que una buena novela, ya sea dramática o tenga un tono más ligero, manipula siempre al lector. Es lo que hace Maggie O’Farrell en su Hamnet, tirando de ironía dramática cuando habla de Shakespeare sin mencionarlo, y es lo que hacemos todos los escritores que aspiramos a escribir bien cuando incluimos una escena emotiva en nuestras obras, en la que generalmente buscaremos despertar emociones concretas en quienes nos leen.
El arte de escribir bien es el arte de engañar al lector: que se crea la ficción que le estamos contando, que la sienta como propia. Los escritores somos mentirosos por definición, y manipuladores también.
Así pues, es natural que una película que trata del duelo de unos padres que pierden a su hijo pequeño genere sentimientos fuertes en los espectadores. El Hamnet de Chloé Zhao se vale de su banda sonora, de las actuaciones brillantes de sus protagonistas, de la luz tenue que ilumina las escenas y de un uso selectivo de los silencios que impresionan en una sala de cine y que hacen difícil resistir alguna lagrimilla en según qué escenas.
De hecho, lo terrible sería que la película no se valiera de esas herramientas para hacerlo. Sería una película mediocre, en ese caso.
Libro vs película
Es este un debate en el que los más puristas aseguran que el libro siempre es mejor, pero que a mí me parece un poco absurdo en su generalización porque, en mi opinión, hay muchas películas que mejoran el libro que adaptan, como también hay muchos libros cuya adaptación no está a la altura. Siempre diré que la película de Doctor Zhivago es mejor que el libro de Pasternak, por ejemplo.

En el caso de Hamnet, sin embargo, no lo tengo tan claro. He disfrutado la película como buena película que es, y disfruté del libro como buen libro que es. Cada uno utiliza las herramientas propias de su medio, y lo hace divinamente. Casi más importante que la historia que se cuenta es cómo se cuenta, y ambas versiones merecen los elogios que se les han dedicado.
(Por cierto, no te pierdas El retrato de casada, otro libro maravilloso de Maggie O’Farrell. Recomendadísimo).

Este artículo fue enviado originalmente a los suscriptores de mi lista de correo. Suscríbete ya para recibir en tu bandeja de correo contenido similar ¡de manera totalmente gratuita!

La hija de la novicia
Elena Álvarez
La épica aventura de una mujer y una niña en la Europa del siglo IX, un continente arrasado tras la muerte de Carlomagno. ¡Ya a la venta!
Algunos enlaces de este artículo pueden ser afiliados
Foto de Dmytro Koplyk en Unsplash
- Hamnet y los silencios - 06/02/2026
- En la carretera - 04/06/2025
- Páginas compartidas: únete a un club de lectura - 16/04/2025







