El pastel de jengibre de «El secreto de Black Rabbit Hall»

¡FELIZ 2017!

Es curioso cómo pasa el tiempo: en el postre anterior estábamos en pleno ajetreo navideño, con las compras, los regalos, el turrón… y ahora, tan solo un mes después, estamos en un nuevo año y completamente inmersos en la rutina una vez más.

En el libro que os traigo hoy —El secreto de Black Rabbit Hall, de Eve Chase— también hay saltos temporales, y bastante más bruscos que el nuestro: va alternando entre 1968 y la actualidad para contarnos la historia de Black Rabbit Hall, una casa de verano en la costa de Cornualles, y la familia que la habitaba. Es un libro agradable y melancólico, de los que te hacen sumergirte en la historia y olvidarte de dónde estás. Y eso, cuando estás en Andalucía en pleno verano como era mi caso, se agradece.

En cuanto al postre, dejaré que el libro hable por sí solo:

—¿Un trozo de pastel de jengibre, Lorna?

El pastel es como un lingote de bronce reluciente.

—Oh, sí, por favor. Tiene un aspecto delicioso.

—Yo sin el pastel de jengibre de Dill no funciono —dice la señora Alton, cortando el suyo con el canto de un deslustrado tenedor de postre de plata.

—Receta de mi madre —explica Dill, que parece sorprendida y satisfecha, como si un cumplido así no fuera nada frecuente.

—Uno de los que mejor se digieren —apostilla la señora Alton de forma enérgica.

—El pastel es una explosión de sabor en la lengua de Lorna. El mejor que ha probado en su vida, y ha probado muchos. Antes de que pueda decirlo, Dill se esfuma de la habitación tan silenciosa como un gato de cocina.

Aparte de ser una explosión de sabor, este pastel es denso y jugoso, y el toque ligeramente picante del jengibre es perfecto para los meses de invierno.

Una pequeña nota aparte: yo he usado mi regalo de Navidad para hacer el postre porque ando como loca con él, pero no necesitáis nada más que unas varillas y un molde. Así que ¿preparados? ¡Vamos allá!

Ingredientes:

1

  • 225 g de mantequilla
  • 225 g de azúcar moreno
  • 200 g de melaza
  • 2 huevos
  • 2 cucharadas de vinagre
  • 2 cucharadas de jengibre en polvo
  • 350 g de harina
  • 1 cucharadita de canela
  • 1 cucharadita de bicarbonato
  • 125 ml de agua
  • 1 pizca de sal

(Nota: para mi gusto, la melaza es demasiado fuerte. Si opináis lo mismo, se puede cambiar por 100 g de miel y 100 de melaza, o sustituirla por miel completamente).

Preparación:

1. Precalentamos el horno a 200 ºC.

2. Batimos la mantequilla con el azúcar.
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3. Añadimos la melaza y seguimos batiendo hasta que se integre.

4. Añadimos los huevos de uno en uno sin dejar de batir.

5. Vamos añadiéndole la harina en pequeñas cantidades y removiendo. Cuando esté toda la harina, añadimos también las especias y la sal.
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6. Ponemos a calentar el agua. Mientras esperamos a que hierva, añadimos a la mezcla el bicarbonato y el vinagre y mezclamos de nuevo. (Esto será lo que haga subir la masa, ya que no lleva levadura).

7. Añadimos el agua hirviendo y mezclamos despacio hasta que la masa quede bien integrada y homogénea.

8. Untamos un molde con mantequilla o lo forramos con papel de horno, vertemos la masa en él y horneamos a 180 ºC durante 45 minutos / 1 hora. ¡Y listo!

Como veis, es una receta muy sencilla, con muy pocos pasos, pero con un sabor sorprendente y perfecto para acompañar al café o al té en una tarde de lectura.

¡Nos vemos en el siguiente Postre Literario!

María Vogel

María Vogel

Exploro libros en busca de nuevas aventuras (¡y recetas!)
María Vogel

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