¡Valor y al toro! Cuando escribir deja de ser un hobby

¿Que qué es eso del Síndrome del Impostor? Aunque hayas logrado el éxito en tu campo (sobre todo ocurre en profesiones artísticas), te parece que no mereces el reconocimiento que obtienes porque no eres un experto en la materia, porque hay gente que sabe más que tú, porque quién va a querer escuchar tus consejos, etc. Por supuesto, sentirse así es normal y hay muchas formas de enfrentarte a este problema.

Los comentarios en Microsoft Word | Las herramientas del escritor (7)

Este verano, con esto de las vacaciones y gracias a una escasez de acceso a internet, he tenido que reaprender a escribir sin documentarme. O, lo que es lo mismo, he hecho un esfuerzo por seguir escribiendo: nada de pararme a completar detalles y, por supuesto, nada de pasar tres horas de reloj mirando a la pantalla porque hay una palabra que no me viene a la mente. Al fin y al cabo, ya habrá tiempo de volver a todo eso  cuando comience a corregir la novela. ¿Cómo recordarás dónde está el huequecito que tienes que llenar con el nombre del postre o del personaje tal, entre tantos miles de palabras en tu manuscrito?
Si escribes a mano, pon un post-it. Si escribes en Word, utiliza los comentarios.

«Palmeras en la nieve» y el modelo Kate Morton en la novela histórica

En el modelo Kate Morton, las revelaciones del pasado tienen consecuencias en el presente. Porque, si no las tuvieran, los personajes no les darían más importancia a lo que hicieron sus padres o sus abuelos en sus años mozos: sería una historia más y punto. Hace falta una excusa algo más poderosa para que el lector acepte que le hayamos contado toda esa historia. Y, en mi opinión, en Palmeras en la nieve las consecuencias de esas revelaciones, aunque condicionan a los personajes, tienen muy poco peso en la trama.

Reseña: «Leña», José Pedro García Parejo | Premios Guillermo de Baskerville’16

Aunque es el primero de los veinte relatos de Leña el que da nombre a la colección, mis favoritos son sin duda los cinco últimos. No sé qué criterio habrá seguido el autor a la hora de ordenar los relatos, pero el hecho de que mi interés y gusto personal por estos haya ido en aumento ha contribuido y mucho a que mi percepción personal del libro en su conjunto sea bastante positiva.

La sencillez de «La niña de los fósforos»

Seguro que te suena: una niñita enciende una cerilla tras otra de las que no ha conseguido vender en el día de San Silvestre y cada fósforo le trae una ilusión: las tres primeras (porque son tres, claro) le muestran una estufa, un banquete y un árbol de Navidad y la última es la imagen de su abuela muerta que se la lleva al cielo. De hecho, si lo piensas, es todo de lo más trágico: una niña pobre que muere de hipotermia. Pero Andersen se encarga de que, aparte de la lógica lástima que nos da la pobre niña, su agonía y desgracia nos parezca hermosa.

Un año doblando esquinas

Llevaba yo varios días estrujándome los sesos para decidir sobre qué iba a hablarte esta semana (tengo algunas entradas medio pensadas pero tengo que trabajar un poquito más sobre ellas y se me echaba el tiempo encima) cuando, casi por casualidad, me dio por mirar el calendario ¡y me di cuenta de que llevo un año ya escribiendo en este blog! Así que al he decidido que esta entrada va a ser un total refrito de agradecimientos, resúmenes y publicidad descarada.