Las rosquillas de Santa Clara de «Merlín e Familia»

HABLEMOS DE Álvaro Cunqueiro.

No, tranquilos. Aunque estemos en plena vuelta al cole, no voy a daros una clase de literatura gallega. Si quiero hablaros de Cunqueiro es porque su libro Merlín e Familia es el protagonista del postre literario de este mes.

Para los que no lo sepan, Merlín e Familia es un conjunto de relatos contados por Felipe, el paje del mago Merlín, sobre los personajes que acudían a visitar al mago para que remediase sus males. Y es que Merlín vive ahora en Miranda, una aldea gallega, en compañía de Doña Ginebra, de quien «decían que era viuda de un gran rey que murió en la guerra».

Volviendo al tema, además de lo maravillosamente bien que escribe, mientras leía no pude evitar fijarme en que casi todos los invitados comían algo en casa de Merlín. Deformación profesional, supongo. Y esto me recordó que en mi casa tenemos, desde tiempos inmemoriales, un libro muy gordo de cocina gallega con prólogo de Cunqueiro, precisamente, que me encantaba hojear de pequeña. En fin, que las señales del universo estaban claras: el próximo postre literario tenía que ser de Cunqueiro.

Así que aquí estamos. He elegido el postre que más se menciona en el libro. El relato en que aparece se titula A trabe de ouro y cuenta la historia de unos enanitos que viven en el subsuelo y se encuentran una viga de oro que, como Merlín les aclara, es una de las vigas que sostienen la Tierra. El caso es que, mientras el príncipe de los enanos cuenta su historia, a Felipe le mandan traer «unhas roscas i un bico de tostado»,1 y con la excusa de servirlo se cuela en la sala a escuchar. Y nos cuenta: «Lía mi amo mui entonado, coma  un crego de epístola, i o príncipe estaba atento, como sabidor daquela cencia namentras os cativeiros da súa familia rillaban nas roscas, despois de remollalas no tostado».2

La última mención a las rosquillas nos aclara cómo son:

Bágoas lle brincaban dos ollos a aquel don París príncipe, I os seus ao velo chorar tamén as botaban a afeito, pro non por iso deixaron de rillar nas roscas, que eran de Santa Crara, bañadas en al mibre por mi ama doña Ginebra.3

Así que el postre literario de este mes son las rosquillas de Santa Clara, o sea, rosquillas bañadas en merengue, que al parecer son típicas de Madrid. Y como no podía ser menos, me he basado en una receta del libro de Cunqueiro, que en el prólogo le dedica un buen párrafo a los distintos tipos de rosquillas:
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Yo he utilizado la receta de lo que él llama rosquillas anisadas, porque son las que van cubiertas con merengue. La he adaptado un poco, porque no tenía licor ni granos de anís, pero he procurado respetar todo lo demás. Así que, sin más dilación, aquí va la receta:

Ingredientes:

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  • 6 huevos
  • 225 g de azúcar
  • 1 copita de anís (o una cucharada de esencia de anís disuelta en una tacita de agua)
  • 60 g de azúcar glacé
  • Harina (la que admita)

PREPARACIÓN:

1. Separamos las yemas de las claras, vertemos las yemas en un bol y reservamos las claras.

2. Añadimos el azúcar y el anís y batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

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3. Vamos añadiendo harina. Echaremos dos o tres puñados cada vez, removeremos y volveremos a añadir harina.

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4. Cuando la masa esté bastante densa, espolvoreamos harina sobre una mesa para continuar amasando ahí, ya con las manos.

5. Si la masa está muy pegajosa, añadimos más harina y continuamos amasando hasta que adquiera una consistencia parecida a la de la plastilina.

6. ¡Toca darle forma a las rosquillas! Primero cortamos un trozo de masa y le daremos forma de churro, del grosor aproximado de un dedo pulgar.

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7. Cortamos el churro en segmentos de unos 20 cm y formamos con ellos las rosquillas.

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8. Colocamos las rosquillas en una bandeja de horno (mejor con papel por debajo) y horneamos a 200ºc durante 20-25 minutos (o hasta que las rosquillas empiecen a estar doradas). ¡Ojo! Vigilad que no se quemen por la parte de abajo; es preferible que queden poco hechas por arriba.

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9. Una vez que las rosquillas estén fuera del horno, las dejamos enfriar mientras preparamos el merengue.

10. Para el merengue, batimos las 6 claras que habíamos reservado a punto de nieve (ya sabéis, que se vuelvan blancas y muy densas).

11. Añadimos el azúcar glacé y seguimos batiendo para que se integre.

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12. Bañamos las rosquillas en merengue (o lo ponemos por encima con ayuda de una cuchara o una manga pastelera).

13. Dejamos que se sequen en el horno apagado o simplemente al aire hasta que el merengue se endurezca. ¡Y listo! Rosquillas terminadas.

Nota: yo solo le he puesto merengue a unas pocas porque me gustan más sin él. Pero ¿a que quedan bonitas para la foto? 😀

Y esto es todo. Espero que probéis la receta, con o sin merengue, y me digáis qué os parece. Yo no había probado nunca estas rosquillas ¡y la verdad es que están deliciosas! Como siempre, no olvidéis darme vuestra opinión en los comentarios. ¡Hasta la próxima!


1 «Unas roscas y un trago de tostado».

«Leía mi amo muy entonado, como un cura de epístola, y el príncipe estaba atento, como sabedor de aquella ciencia mientras los pequeños de su familia roían las rosquillas, después de remojarlas en el tostado».

3 «Lágrimas le saltaban de los ojos a aquel don París príncipe, y los suyos al verlo llorar también las echaban en abundancia, pero no por eso dejaron de roer las rosquillas, que eran de Santa Clara, bañadas en almíbar por mi ama doña Ginebra».

María Vogel

María Vogel

Exploro libros en busca de nuevas aventuras (¡y recetas!)
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