Dime quién soy | El peligro del infodumping

Dime quién soy | El peligro del infodumping

HACE UN PAR de semanas terminé de leer Dime quién soy, de Julia Navarro. Sobre este libro hay opiniones de todos los colores, aunque parece que la predominante es que es una gran obra (¿lo pillas? Por las 1097 páginas) y que ofrece un retrato bastante completo de la historia europea (y hasta un cachito de la americana) del siglo XX.

Mi valoración personal de la novela (que, por supuesto, no deja de ser totalmente subjetiva) se ve muy influenciada por el hecho de que me caía gorda la protagonista, de la que después de tantas aventuras y tantas desgracias solo sabemos que era guapa, y el resto de personajes eran poco más que un corps de ballet insulso y descafeinado que estaba allí solo para bailarle el agua. La verdad es que compré el libro porque en la contraportada se hacía hincapié en que la historia trataba «desde los años de la Segunda República española hasta la caída del Muro de Berlín», pero, claro, como me veía en la página 926 y todavía no habíamos llegado a la parte que me interesaba (que era la de la Guerra Fría, claro está)…

Y, bueno, si a esto le añadimos que me repateó terriblemente un momento en el que aparecen una familia de alemanes almorzando a las tres de la tarde (cosa que hoy en día es harto improbable, cuanto más en los años 60; te lo dice una que cuando vivía allí hizo cola a las 11 de la mañana por un plato de espaguetis), y que tampoco llegó a convencerme en ningún momento el narrador elegido, puedes imaginarte que no está, precisamente, entre mis libros favoritos.

Pero todo lo que acabo de decir podría pasarlo por alto… si no fuera por el infodumping.

El peligro del infodumping

¿Qué es infodumping?

Como muy bien explica Clara Tiscar en este artículo, el término infodumping puede traducirse como vertedero de información. Es un mal bastante extendido, desgraciadamente, entre los escritores de novela histórica (aunque Julia Navarro ha dicho varias veces que no se siente cómoda con esta etiqueta ) y surge porque el autor se ha documentado mucho (lo cual me parece perfectamente natural) y tiene la necesidad imperiosa de demostrar todo lo que sabe. Que sí, que nos pasa a todos, que yo también quiero que sepas que no había lecheros en Berlín en 1960 porque, después de todo, he pasado meses buscando ese detalle ¡y necesito compartir todo mi conocimiento sobre el tema!

Y, en realidad, es muy fácil caer en la trampa y vomitar sobre la página una lección pormenorizada demostrando lo experto que eres en la materia, pero no hay que olvidar que estás escribiendo una novela (o un relato, o un guion o lo que sea) y que a tus lectores no les interesa toda esa información.

A los lectores les interesa cómo el contexto afecta a tus personajes. A los lectores solo les importa la ambientación en tanto esta condicione de alguna manera las acciones de tus personajes. Esto no quiere decir que no sea importante: todo lo contrario, de hecho. El espacio en el que tus protagonistas viven y se mueven influye siempre en su forma de pensar, hablar y actuar.

Y, a veces, es necesario dotar al lector de información previa sobre ese contexto. Esa información la has obtenido mediante documentación y vas a introducirla en tu novela. Perfecto, pero, ¿cómo lo haces sin caer en el infodumping? Ah, aquí viene el problema.

Te voy a poner un ejemplo sacado directamente de Dime quién soy. En la página 996, nos encontramos a bote pronto con este párrafo:

Los soviéticos administraban Berlín como el resto de la Alemania que ya les pertenecía, y la brecha con las otras zonas de la ciudad en manos de norteamericanos, británicos y franceses aumentaba día a día. No hace falta que le recuerde la crisis del 48. Norteamericanos y británicos habían creado una bizona en Alemania Occidental, a la que se uniría Francia, creando lo que se conocía como la trizona en la que se situaría una Asamblea constituyente y el Gobierno Federal. Pero no fue eso lo que provocó la crisis, sino la reforma monetaria que para los soviéticos supuso un gran problema y les llevó a responder con su propia reforma monetaria y con el bloqueo de Berlín de junio de 1948 a mayo de 1949. Los norteamericanos salvaron el bloqueo soviético poniendo en marcha un puente aéreo. En realidad, la partición de Alemania había comenzado mucho antes, en la Conferencia de Yalta, y quizá incluso antes, en la de Teherán, cuando norteamericanos, británicos y soviéticos decidieron dividir Alemania en zonas de ocupación. Habían rediseñado el mapa, cambiando el curso de la frontera polaca, y todo lo que había sido Alemania central pasó a formar parte del imperio soviético, y Berlín quedaba como una isla con cuatro administradores, pero enclavada en el corazón de la Alemania en poder de los soviéticos.

Esto, claramente, es infodumping. Es un párrafo totalmente expositivo: que sí, vale, que sirve para situar al lector. ¿Pero realmente es necesario contar el Bloqueo de Berlín y hablar de las Conferencias de Yalta y Teherán? No, no lo es. No afecta para nada a los personajes y no olvidemos que, si al lector le interesa conocer más sobre el tema, puede buscar información por su cuenta. En otras palabras, es paja. En mi humilde opinión, el infodumping se reduciría drásticamente si nos quedáramos con la primera y la última frase del párrafo y elimináramos todo lo demás: es suficiente para situar la acción y no cansa tanto. Aunque, por supuesto, habría maneras más elegantes de contextualizar el momento.

Una de ellas, por ejemplo, sería mediante un diálogo. Voy a contarte un secreto: me encanta escribir diálogos. Las descripciones se me dan bastante mal, porque al final son añadidos a la historia: cosas que dice el narrador, pero que no salen de la boca de los personajes. Por supuesto, son necesarias, pero, si puedo, prefiero mil veces decir las cosas en una conversación que en un párrafo expositivo.

Cómo no hacer infodumping

Esto es un trocito de un diálogo de la última novela que he escrito, que estoy corrigiendo actualmente, ambientada también en la época de la Guerra Fría:

—Nos vinimos mucho antes del bombardeo de Hamburgo*, gracias a Dios. —Heike alzó las cejas. Había oído hablar de la Operación Gomorra; se lo habrían contado en la escuela, porque no era demasiado corriente escuchar historias como aquella en la calle, a la gente de a pie. Heike estaba teniendo un día de lo más extraño y aún no era ni siquiera mediodía—. Aunque ya ve, después el mundo dio una vuelta y terminamos de esta manera. Yo pude haberme ido, ¿sabe usted? Al Otro Lado. En el 45 daba igual por qué sectores te movieses: todos nos robaban y nos insultaban por igual, nos compraban con dulces y nos alimentaban en el mercado negro de la Puerta de Brandemburgo. —Frau Pohlmann hizo una pausa para tragar saliva, ya sin tratar de esconder la lágrima que bajaba escalándole por las arrugas. —Pero no me fui. Me quedé aquí mientras todos los berlineses de verdad cruzaban al otro lado. Después del 48* pensé que estábamos en el lugar correcto… Creía que daba igual vivir aquí o allí si estabas con los tuyos, ¿sabe? Lo sigo creyendo, maldita sea —dijo y de repente calló.

Para empezar, no aparece de buenas a primeras: antes de esto, ha pasado algo que ha puesto a los personajes especialmente nostálgicos. Están dispuestos a hablar del pasado y charlan sobre varios asuntos antes de pasar por este.

¿Pero por qué no es infodumping? Porque aporta no solo a la contextualización, sino a la caracterización de los personajes: cómo habla Frau Pohlmann, cómo reacciona Heike. Los pocos detalles que doy son de cosas cotidianas y concretas: no de grandes operaciones militares ni de cosas que pasan en los despachos, sino de cómo estas afectan a la vida de las personas de a pie.

Sí, es posible que falte información. Pero he añadido dos notas al pie de página, explicando en dos líneas a qué me refiero, que es algo que también hice en Cuando la luna brille. No hace falta más: la novela no va de la Operación Gomorra ni del Bloqueo de Berlín. ¿Para qué agobiar al lector con más información?

(Otro consejito: no hagas como en Dime quién soy, donde las señoras ancianitas tienen una memoria prodigiosa y te cuentan su vida cronológicamente: prácticamente nadie, cuando cuenta una historia, lo hace de forma lineal. A todos se nos olvidan cosas, adelantamos información y, sobre todo, damos nuestra opinión sobre todo.)

Te traigo un ejemplo más, también de Dime quién soy (que, a ver, el libro también tiene partes buenas y entretenidas). En la página 1065, un espía de la KGB comenta esto:

—[…] Pero nuestros amigos de la Stasi son autosuficientes, en realidad aceptan nuestros consejos y colaboración pero no nos necesitan. Son el mejor servicio de espionaje del mundo… a excepción de la KGB, claro está. Pero la realidad es que para nosotros Alemania es una buena plataforma desde la cual actuar en el resto del mundo. Esto no es ningún secreto para nadie, ¿no os parece?

Y a este fragmento sigue lo que me pareció el diálogo más inteligente de toda la novela. ¿Por qué no es infodumping? Porque es parte de una conversación que hace avanzar la trama y, sobre todo, es pertinente que el personaje en cuestión diga eso (y no es simplemente un capricho del narrador) y en ese momento preciso.

Así que ¡cuidado con el infodumping! Demasiadas veces va de la mano con la documentación ¡y no hay que caer!

¿Conoces alguna otra novela que peque de infodumping? ¿Has leído Dime quién soy o algún otro libro de Julia Navarro? ¿Qué te ha parecido?

Elena

Elena

Escritora de novela histórica, porque soy una friki de la documentación. Leo de todo, colecciono marcapáginas y postales y me encantan las tragedias bien gordas. En mis ratos libres aprendo alemán y veo vídeos de ballet. También toco el piano y hago experimentos culinarios que no siempre se pueden comer. ¡Y he publicado una novela sobre vikingos!
Elena

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6 opiniones en “Dime quién soy | El peligro del infodumping”

  1. Una vez Leí una novela que me gustó muchisimo pero al mismo tiempo me quedé a cuadros sin saber muy bien como calificarla. Tenia un narrador genial pero que me obligó en muchas ocasiones a dejar la novela tirada por un par de semanas por esos momentos y detalles horribles y que me descolocaban por completo e incluso me aburrían a pesar de que la historia me intrigaba. Ahora ya sé como se llaman esos momentos.Gracias. Añadiré que esa novela era parte de una triologia y fué tal la cantidad de Infodumping del autor que no pienso leer el resto por muy magistral que sea.

  2. Hola, Elena:

    Yo me encuentro ahora mismo en fase de documentación, así que estos consejos me vienen muy bien para tenerlos en cuenta de ahora en adelante.

    No sé si el infodumping se da por la necesidad amortizar todo el esfuerzo dedicado a recopilar datos o, simplemente, porque a los que nos apasiona la historia nos encanta hablar y compartir lo que tanto nos gusta. Y sin darnos cuenta pasamos de la novela al ensayo. Me acuerdo que yo disfrutaba enormemente de las digresiones de fray Guillermo de Baskerville sobre las distintas herejías, pero seguro que a otra gente le parecía un plomazo.

    Para mí la fase de documentación es un placer personal, porque soy de natural curioso y siempre ando hambriento de historia. El problema va a ser saber cuándo parar…

    Acabo de descubrir tu blog: ya tengo otro sitio para explorar y curiosear. ^_^

    Un saludo

    1. ¡Hola! La fase de documentación, para mí, es también de las más divertidas ¡así que ánimo con ello! Hay que tener en efecto mucho cuidado con el infodumping y con la cantidad de información que le soltamos a bocajarro al lector: mi consejo es que, en el primer borrador, digas todo lo que tengas que decir. Lo importante en ese punto no es ser conciso sino ¡seguir adelante! Ya volverás atrás y podrás recortar cuando toque corregir. Y, por supuesto, llegado el momento déjasela a algún lector cero y pregúntale expresamente si cree que hay demasiada información superflua.
      ¡Muchas gracias por tu comentario! Espero leerte de nuevo por aquí 😉

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